12.12.16

Crec(s)iente.


No puedo dejar de mirarte. Estiro las puntas de los pies, me aferro a las rejas del balcón, contengo la respiración, 1, 2, 3 y ejecuto otro intento fallido por congelar tu magia. Hace muchos años que no lo hago, porque entendimos que nuestra relación de testigos no necesita evidencia.

No puedo dejar de mirarte. No pude cuando me volví mayor en un abrazo, enfrentando las peores sentencias. Cuando te volviste roja desde mi lugar en el mundo, entre vecinos curiosos. Cuando brillaste gloriosa desde una parada de colectivo mientras el resto de las luces apagadas sucumbían ante la frustración de un apagón.

No puedo dejar de mirarte. Porque sé que tu luz no es prestada, sino un reflejo matemático exacto que te definió para siempre. Presente y ausente. Leal y fría. Cotidiana y misteriosa. Señora de mareas, faro de viajeros, influencia agazapada. Tranquilidad de los que cierran los ojos sabiendo que vas a estar hasta que llegue el relevo. Porque podés sumergirte en el Atlántico, como un juego holográfico orquestado para nosotros los mortales. Porque sé que sos real cuando conectamos, hasta que las pupilas se encandilan y me devuelven a tierra.

No puedo dejar de mirarte. Porque me recordás otra vez que nunca vamos a saber qué hay del otro lado. Porque las mejores palabras se escribieron durante tu guardia. Porque firmaste tantas prosas como instantes, tantos poemas como olvidos.

No puedo dejar de mirarte porque donde sea que estés, yo estoy en casa. Porque vos también me estás mirando. Porque pasan los años y no dejás de ser puente otra vez.

Agu Miglio.-

22.10.15

Kryptonita emocional

¿Cuántas identidades tiene una canción? Nos dicen que tantas como escuchas, pero debo disentir. Esa pila de identidades se ensancha cada vez que hablamos, se extiende en los momentos, en las ausencias, en los cambios, en los sentires, en tu mirada. Pero ¿qué pasa cuando hemos fundado una explicación asociada a fuego con esa sucesión de palabras y acordes? ¿Existe vuelta atrás? ¿Hay solución para este problema tan bien abordado por conceptos denotados y connotados, por condensación y desplazamiento freudiano, por cadenas significantes, signos binarios de laboratorio y tríadas infinitas? Como un batido para el olvido, pero sin desestimar recuerdos. Sólo se trata de mezclar de nuevo las cartas, reconducir y renombrar, sin más pretensiones que matar ese nudo en la garganta. Nadie nos podría culpar de tal crimen.

El 1er paso es descartar las noches. Sus luciérnagas inspiradoras, chispeantes de ideas, seducen hasta abandonar el sueño, sin avisar que sus alas sólo se mantienen en vuelo porque son comandadas por fantasmas. El de la decepción, el del miedo, el de la nostalgia, el del olvido, tan obsesionado con su destino letal que no te deja en paz ni tras sueño profundo. No escuches esa canción de noche y mis palabras habrán tenido sentido.
El 2do paso es reproducirla rodeada de multitudes. Invitalos a escucharla virtualmente, a bailarla, a llorarla, a protestar sus compases, a ignorar su melodía, a hilvanar sus versos. La tristeza nos acerca, nos hace humanos. Hablá, reencauzá conexiones, construí el eje de las miradas. Escuchala en el subte, en la calle, en un café, en un pasillo, en ronda. Pedile inmunidad, dejá de cuidarla, retirala de esos lugares en los que se siente cómoda porque siempre tiene éxito. Liberá el mito: si los demás no pierden  el alma en su ritmo ¿por qué vos si?
El 3er paso es imaginar alternativas, otras razones por las cuales su autor podría haberla compuesto. Como los sabores de helado, puede estar esperando para ser recombinada con nuevos proyectos, luchas, sensaciones y personas. A ella también la desvela agotarse en el instante. Dale la oportunidad a la canción de decir más, de desbordarse.

Si estos tres pasos no funcionaron, sólo nos quedan las únicas dos soluciones que estamos evitando. Una es la adulta: procesar, poner en perspectiva, decirle al pensamiento que si, que no, que ya está, obligarlo a crecer. La otra es la mortal: cambiar de repertorio y vivir el resto de la vida encadenada a esos sintagmas. Kryptonita emocional, en crudo.

Agu Miglio.-











11.10.14

Lo que me enseñó crecer en ascensor (22 lecciones)

Por Sulejman en deviantART
¿Qué te enseñaron las experiencias de la niñez? Las calles de barro, los patios crecidos, las bicicletas inmortales. Yo me perdí  a todos esos maestros y crecí entre adoquines, imaginando que la cama cucheta era mi casa en el árbol. Pero vivir en las alturas de un séptimo piso también me enfrentó a una escuela obligada, intensa, diaria e incapaz de perdonar: el ascensor.

El ascensor me enseñó:

1. Que en el momento menos pensado podés quedarte entre dos pisos, sin poner los pies en tierra, a merced de los grandes.
2. Que viajar solo es para algunos un proceso, para otros una promesa y para los que restan un desvelo.
3. Que si parás en todos los pisos sólo vas a conseguir tardar más en llegar a donde siempre quisiste.
4. Que si otros se apuran y tocan el botón antes que vos, a veces no te va a quedar más remedio que hacerles caso y seguir la corriente.
5. Que si las emociones, las mochilas, los rencores y las bolsas quedan atravesados y son reconocidos por el detector de la puerta, nunca va a dejar que la cierres ni que abras la siguiente.
6. Que si vos no lo llamás no va a venir, si lo llamás apurado te va a ignorar y si lo llamás tranquilo te va a sorprender sereno y libre.
7. Que existen horas pico que dominan, algunas muertas y otras estratégicamente pensadas para recoger la basura.
8. Que podés estar muy cerca de alguien sin que tenga un significado que valga la pena recordar.
9. Que en todos los casos la mejor opción es mirar la botonera, excepto esa vez, en que tendría que haber sido diferente.
10. Que chocar las llaves entre los dedos llena silencios incómodos, te asegura terreno y distrae los nervios.
11. Que es el mejor lugar para hablar del clima, porque es el único en el que realmente no podemos experimentarlo.
12. Que existen vecinos que recuerdan datos eternos y vecinos con caras que no puedo recordar.
13. Que el día en que salgas en medias, ojotas y pantalón de moños te va a estar esperando para ignorarte con una mirada vacía, suficiente materia prima para reconstruir durante una semana.
14. Que primero entran los que llegaron primero, pero primero llegan los que corresponden.
15. Que subir con tres gatos y un perro es una declaración de principios.
16. Que tengo que esperar el siguiente si no quiero ir con vos.
17. Que mirar la puerta de entrada mientras esperamos que llegue el ascensor es casi como sentarse solo en la barra de un bar.
18. Que las puertas que otros no cierran te pueden hacer perder el tiempo.
19. Que accionar la alarma es lo último que hacemos.
20. Que el espejo te choca los cinco, te da un cachetazo antes de salir al mundo y te responde a la vuelta que fue real, que sos un fracaso, que sos ganador.
21. Que cuando las paredes son chicas y el aire escaso, tu voz se escucha más fuerte.
22. Que cuando no funciona, tenés otra opción: una que siempre está ahí cuando no hay luz y sabe que estás preparado para embarrarte, rodar por el pasto y subirte a la bicicleta.

Quizás fue la vida la que me enseñó, yo prefiero creer que fue el ascensor.

Agu Miglio.-

[De la serie: textos de que, de cuando]

22.5.14

Doble filo para los que conjeturan sin preguntar

De repente se dio cuenta de todo. El televisor marcaba el canal incorrecto, uno de los que forma parte de la seguidilla de señales fantasma de Cablevisión. Ubicó un plato en el microondas y las ondas electromagnéticas frieron una historia que hasta hace 5 minutos estaba desordenada.


Entonces supo cuándo fue que empezaste a pensar diferente.
Cuándo fue que se confundieron sus pasos con los tuyos.
Cuándo fue que te animaste a liberar palabras en terrenos desconocidos.
Cuándo fue que resurgieron los dichos.
Cuándo fue que las medialunas dejaron de ser sólo medialunas.
Cuándo fue que el tiempo empezó a transcurrir entre vistazos.
Cuándo fue que le ganaron las circunstancias.
Cuándo fue que te dejó un café pendiente.
Cuándo fue que la verdad cotidiana no alcanzó para decirte qué le sacaba el sueño.
Cuándo fue que te cansaste.

Cuando la confusión se transformó en espera. La espera en vacío. Este texto en testamento.
La noche en una montaña rusa inmensa.

Mientras sacaba el plato del microondas tuvo un momento de lucidez. Y muchas ganas de explicarte que valió la pena, que no quiso, que debería, que tenían.
Sólo entonces, recordó el negativo en blanco y negro de esta historia y supo ver que todo lo que había analizado tenía fundadas razones para ser diametralmente distinto. Porque siempre fue hábil inventando cuentos, repasando indicios a su manera y redactando razones para no dormir.

Entonces supo cuándo fue que sus pensamientos se volvieron comerciales: siempre iguales, pero con ese sabor a distinto que nos venden los canales de aire.
Cuándo fue que se chocaron, a las 10:45 porque se retrasó el colectivo anterior y no quedó otra opción.
Cuándo fue que una anécdota te transformó en superhéroe, frágil como la memoria.
Cuando fue que te enfocó, como un enigma de medio tiempo.

Cuándo fue que pasaste de un cortado a un ristretto sin saber por qué.
Cuándo fue que perdió cientos de horas intentando averiguarlo.
Cuándo fue que le ganaron los sueños despiertos.
Cuándo fue que perdió una oportunidad.
Cuándo fue que hablaron sobre lluvias, calles y muebles, evitando todo lo importante, quedando tan lejos de su esencia que hasta hizo frío.
Cuándo fue que la ignoró.

Volvió al principio. Donde las casualidades sí existen. Y los textos son anónimos.
Como este.

Se entregó a la dramática locura del que conjetura para no preguntar.

Agu Miglio.-

[De la serie: textos de que, de cuando]

10.2.14

Marea y rescata.

Imaginar es poderoso. Por eso, cada vez que apagamos las luces y dejamos la música sonando antes de irnos a dormir, tenemos que tener mucho cuidado al empezar a tejer historias en el techo. 

Nadie va a espiarte las retinas, a escuchar las frases que no pronuncies ni a adivinar las escenografías, los guiones y los viajes que se dibujen entre el ventilador y la rendija de luz que llega directo desde el negocio de alfombras de la esquina y se filtra a través de la persiana, reflejando de forma perpendicular en la pintura amarilla.

Pero tenés que aprender a vivir con esas nebulosas que creaste. Tenés que acostumbrarte a que te envuelvan mientras bajás la escalera, a que se lleven tu sentido de la orientación en el instante en que te sentís ahogado en el colectivo, a que te sorprendan sonriendo en pleno Centro con los instintos en blanco. A que te mareen y te rescaten.

Todos tenemos nuestra nebulosa preferida, sólo que esta noche tuve miedo de invocarla.
Se volvió tan mágica, tan alocadamente posible, tan lejana y tan necesaria, que duele.

Agu Miglio.-

2.9.13

Llorar es mainstream

“Dale, exteriorizalo, sacátelo de encima, llorá y dejá que se vaya”. Tenés que hacerlo, sentís una presión fuerte en el pecho, se aflojan los brazos y las piernas mientras toda la tensión se escapa a la garganta y trepa por la nariz, saltando entre los pómulos hasta llegar a los ojos. 

Ya podés cumplir con el mandato emocional y cinematográfico: una mujer independiente llora orgullosa cuando tiene que hacerlo. Pero no sale, no te sale, ni en esto tenés éxito. El más irónico de los deberes personales. 

Te encerrás en el baño de la oficina, te mirás al espejo, escuchás la serie de acordes más deprimentes, recuperás álbumes de fotos infalibles capaces de inclinar la balanza hacia los puntos cardinales más oscuros,  pero no sale, no te sale. Y el reloj sigue corriendo.

Pero hay algunas emociones que no nacieron para transformarse en lágrimas. Son mezzo-soprano, atrapadas entre soprano y contralto, virtuosas y únicas. Viven entre el cuello de la camisa e intentan convencerte al oído de la magnitud de su condición desgraciada. Pero no sale, no les sale. Porque aunque se esfuercen, no son tan importantes, y como bien sabemos, la indiferencia desdibuja otros dolores. Su incomodidad es la tuya, un sentir que se razona pasajero y sabe disfrutar de una estadía a prueba de inundaciones.

Llorar es mainstream. Una mujer independiente sabe distinguir las lágrimas espontáneas y aceptar los desencantos mezzo-soprano, como lo que son.

Agu Miglio.-

21.5.13

De redes y enunciatarios

Aunque haya fluido naturalmente del maravilloso torrente de tu personalidad digital espontáneamente construida, lo escribís pensando en el lector ideal. Los que no duermen, los que vuelan, los que riman, los que escuchan, los que crean, los fugaces, los perseverantes, los bizarros, los filósofos, los que se esconden y los que se muestran, los que forman parte, los que curan: contenido y heridas. Y entonces puede suceder que los números en rojo y las menciones emplumadas nos sorprendan con nombres nuevos o que vuelva la temporada de sequía y silencio, para recordarte que todas tus suposiciones son falsables. Seguiremos dibujando enunciatarios, porque no es posible dar puntada sin hilo. Seguiré creando enunciadores, para no tener que ser yo la que escriba que te extraño.

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[
Descubriendo la cotidianidad.
Reflejando
su magia en cada trazo.
El
arte color vainilla. ]